Puerto de Palos

DIEZ PRECISIONES POLÍTICAS SOBRE EL APRA, SU MODERNIZACION Y RELANZAMIENTO
( PRIMERA PARTE Y
CONTEXTO )

El Perú de la antipolítica y el neoliberalismo.-

Durante los años del Fujimorismo en el Perú se produjo un cambio
del orden social, una refundación autoritaria del sistema político que hunde
a los partidos democráticos. Se expresan  actitudes antipolítica en las
clases populares, se disuelven las instituciones mediadoras, se rompen los
contrapesos institucionales de control social y político, y se afirma un
consentimiento popular muy grande a un liderazgo dictatorial que impone una
hegemonía de hierro durante una década.

 El neoliberalismo y el autoritarismo consiguen desmovilizar y despolitizar
a los trabajadores y movimientos populares. El estado es rediseñado con una
forma política que apela a la eficacia pero que está controlado por un
sistema de corrupción institucionalizado que concentra las decisiones. Se
produce una recentralización administrativa y una reconcentración del poder
político en torno a un pequeño grupo de independientes y tránsfugas  aupado
al poder, tras las elecciones de 1990. 

La alianza del poder fujimorista se desintegra posteriormente, pero
su existencia expresó una forma de gobernabilidad autoritaria inédita basada
en el consenso social, la tolerancia internacional, el apoyo mayoritario de
la Iglesia y el consentimiento irrestricto del empresariado y las FFAA.

La oposición democrática fue infiltrada, neutralizada o ajustada a
las necesidades del modelo hasta que la recesión económica, la corrupción,
la movilización de la sociedad civil, la acción de los partidos, en especial
el APRA con un nuevo liderazgo decididamente antifujimorista como es el de
Jorge del Castillo,  logra un nivel alto de presión en base a la
movilización y al consenso que comenzará a crecer tan pronto la alianza
cleptocrática en el poder se divida.

¿ Un Fujimorismo sin Fujimori ?

Esta década infame ha dejado huellas y tendencias que han comenzado
a recomponerse. El fujimorismo no a muerto porque creó una base social
estructural y actitudes políticas autoritarias que se retroalimentan en
contra del sistema de partidos democráticos. Así como el Odriísmo en los
años cincuenta, pudo organizar y consolidar la lealtad en parte importante
de las clases sociales migrantes, con políticas clientelares de
modernización autoritaria;  así el fujimorismo institucionalizó la
antipolítica como actitud supuestamente democratizadora frente a los
partidos, el parlamento y los líderes nacionales.

En las últimas elecciones regionales el mecanismo político de
ascenso de los independientes ha funcionado otra vez más. El candidato
Salinas por Lima y las alianzas regionales que aúpan a ocho liderazgos de
ese tipo son una muestra palpable que las bases sociales que movilizó el
fujimorismo están supérstite. De momento hay un fujimorismo blanco sin
Fujimori ni Montesinos latente en la sociedad peruana, no es mayoritaria ni
hegemónica pero está presente.

El fracaso del toledismo

El gobierno de “ transición “  de Valentín Paniagua y Pérez de
Cueller fue un gobierno inepto sin capacidad para desmontar el estado
cleptocrático ni modificar el modelo económico. Se parcializó con el
toledismo y no fue neutral en las elecciones del 2001. Se mal utilizó el
tiempo político que la sociedad peruana proporcionó a los partidos
democráticos para reinstitucionalizar el sistema político e impulsar la
reactivación económica.


El gobierno electo del Dr. Alejandro Toledo rechazó la alianza propuesta por
el Dr. Alan García para un gobierno de concertación nacional. Ha sido el más
caro error del toledismo, cuya lectura de la caída de Fujimori es
absolutamente elitista y autorreferida. Y lo más grave es que intentó aislar
al APRA y al ex presidente García. Se alió a un pequeño partido antiaprista
e intentó resucitar los viejos odios que históricamente han dividido a la
sociedad peruana.

El gobierno toledista evidenció pronto su incapacidad, ausencia de agenda de
gobierno, improvisación y tendencia a la frivolidad y clientelismo. El poder
fue progresivamente vaciándose de contenido democrático y buscó su
legitimidad y sustento en actos ceremoniales, acuerdos tecnocráticos y
gestos que iban en abierta contradicción con lo que el pueblo peruano
esperaba tras el derrumbe del fujimorismo.

Las expectativas que levantó Toledo, ofreciendo lo divino y lo humano para
ganarle la elección a Alan García fue un acto de irresponsabilidad que
sumado a actitudes personales poco entendibles desde el punto de vista
humano, hicieron que su gobierno despilfarrara un enorme capital político y
generara un movimiento social de rechazo, como se evidenció con el fallido
intento de privatización de las centrales eléctricas del sur peruano.

Y pese a que hay crecimiento de la economía, basado en la construcción y la
explotación del gas de Camisea, el ambiente recesivo y la descapitalización
se mantienen.

El toledismo ya dio todo lo que podía dar. El Dr. Toledo más que economista
es gestor. Más que estadista es político grillero. Más que comunicador es
explotador de los resentimientos sociales en el Perú.

Es el mejor aliado de la recuperación política del fujimorismo. Suena
paradójico, pero quién lideró el movimiento opositor contra Fujimori se
convertirá en su resucitador.

América Latina se orienta a la izquierda reformista.-


En Sudamérica están surgiendo gobiernos de raíz izquierdista, que expresan
la descomposición de las élites tradicionales, el malestar con el modelo
económico neoliberal surgido tras el célebre consenso de Washington, y sobre
todo en los países andinos aparecen manifestaciones que conllevan una
recomposición de lo nacional-popular en una matriz democrático formal.

Esta izquierda ( Venezuela, Brasil, Ecuador, posiblemente Argentina), no va
por la vía rupturista sinó negociadora con el sistema financiero
internacional, va por la recuperación del esfuerzo productivo interno, el
fortalecimiento del MERCOSUR y el Acuerdo Andino, va por la incorporación al
estado de las demandas de integración social y el cambio de las prioridades
estatales. NO se rechaza la globalización, se rechaza la forma neoliberal de
la misma, y se pretende negociar las formas de inserción protegiendo el
mercado interno. Se apuesta a las capacidades nacionales, el consenso  y
sobre todo a la prudencia política y responsabilidad en el manejo monetario
y fiscal..

No es una izquierda revolucionaria, sinó más bien reformista dura (
Venezuela), gradualista ( Brasil), multiétnica  y neo populista ( Ecuador).
En Argentina hay el riesgo que surja un fenómeno antipolítico de tipo
autoritario o que en su defecto, asuma el poder del estado un peronismo de
las provincias y periférico que se reencuentra con sus raíces originales
populares, rompiendo con el menemismo.

El tiempo-histórico de América Latina entonces es el de una izquierda
transformadora, negociadora y popular. No el de una izquierda populista y
socialista tradicional o insurgente que busque la ruptura con el orden
económico mundial, pero que no renuncia a su transformación constructiva.  A
ese modelo deben sumarse  los presidentes regionales del APRA peruana, que
puede aportar impulsos e ideas para el proceso integracionista y el
desarrollo regional.

De acuerdo al contexto histórico político descrito, la modernización y
relanzamiento del APRA  implica las siguientes tareas y precisiones:

( CONTINUARÁ )


*Sociólogo y Politólogo egresado de la Universidad Complutense de Madrid. Master en Estudios del Desarrollo por la misma universidad. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Actualmente es profesor de la Universidad Iberoamericana del DF, La Universidad Anahuac y la UDLA – sede México DF. Es investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la UNAM.

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