Neoliberalismo y Neofascismo
LA FALSA MODERNIDAD

por Alan García

 

El 5 de abril de 1992, un golpe de estado cerró el Parlamento y expulsó a los miembros del Poder Judicial del Perú, para reemplazarlos por servidores del nuevo gobierno. El golpe tenía por objeto destruir toda forma de oposición democrática al modelo económico neoliberal aplicado desde 1990 y liquidar cualquier liderazgo social que lo enfrentase. 

Meses antes, en el libro "El Nuevo Totalitarismo" había escrito que el proyecto neoliberal, el autoritarismo y la destrucción de la economía social son sinónimos. El golpe militar y el resultado de los cuatro años siguientes lo demostrarían.

Pero nada de ello puede entenderse sin advertir que el neoliberalismo es un ola mundial, y que el caso peruano sólo tiene de propio, la primitividad de sus conductores. Porque el mismo modelo fue aplicado con mayor o menor crudeza en toda América Latina. Con fanatismo destructivo, el neoliberalismo criollo impuso su lenguaje y sus conceptos como lo "políticamente correcto" y su prepotencia logró, en muchos casos, arrinconar a los sectores populares y a los movimientos sociales. Se produjo así una suerte de secuestro psicológico y político del continente, y a el siguió durante algunos años, una mezcla de esperanza y síndrome de Estocolmo, por la que los pueblos lo soportaron todo, asimilando pasivamente las tesis del neoliberalismo.

Seis años después, la evidencia es incontrastable: el proyecto ha fracasado. La situación económica y social de América Latina se ha degradado brutalmente. Y los únicos beneficiados son los bancos cobradores, los compradores de empresas con mercado cautivo, los capitales golondrinas con los intereses más altos del mundo, y los sectores mercantilistas aliados a los gobiernos. 

Pero esa ola internacional debe enfrentarse continentalmente. Y tarde o temprano, las clases medias y el pueblo latinoamericanos, recuperando la iniciativa, derrotarán la soberbia totalitaria de esa ideología que tanto daño ha hecho, y que prometió reducir el Estado, pero ha creado paradojalmente el estado más opresivo que haya existido en América Latina.

Asilado en Colombia, después del asalto de mi casa por la tropa en 1992, comencé a escribir para diferentes medios. En los cuatro años siguientes, más de cien artículos y cartas fueron publicados por muchos periódicos del continente: La República y Caretas en el Perú; El Tiempo, el Espectador y el Colombiano en mi tierra de asilo; El Nacional y El Universal de Caracas; ABC y el País de Madrid; La Nación de Buenos Aires y La Voz del Interior de Córdoba en Argentina; La Jornada de México; La Prensa de Nueva York; Barricada de Managua; El Nacional de Santo Domingo; El País de Montevideo y La Época de Santiago, entre otros. A ellos, que expresan la libertad del espíritu a la que no alcanzan las dictaduras, debo el haber podido expresar mis ideas. 

En este texto se presentan los escritos que aluden más directamente al neoliberalismo, a la amenaza que representa, y a sus consecuencias sociales. Una Introducción presenta sus más conocidas y erróneas propuestas, bajo el titulo de "Siete Tesis Falsas del Neoliberalismo en América Latina". Porque aunque el Fondo Monetario Internacional y los gobiernos hablan del éxito del modelo, cientos de millones de latinoamericanos se preguntan: cómo es posible que con tanto capital que se anuncia, con tanto recurso proveniente de la venta de empresas y con tanto crédito pregonado, el desempleo sea el más alto de la historia, el consumo haya caído y se vea crecer en las calles cada día, la más grotesca injusticia en la distribución de la riqueza.

Al dar una respuesta concreta a la deuda externa, al rechazar el modelo neoliberal del FMI, al combatir el hegemonismo financiero, el gobierno del que fui parte entendía evitar la dominación que ahora sufre nuestro continente. Y aunque acosado por el terrorismo y con graves errores en la política monetaria que llevaron a la hiperinflación, lo sustantivo del esfuerzo apuntaba en el buen sentido. Bien vale la pena el haberlo intentado, aun a costa de cualquier infamia posterior.

Alan García
Bogotá, 10 de Enero de 1997

 

SIETE TESIS FALSAS DEL NEOLIBERALISMO EN AMÉRICA LATINA
Alan García

El derrumbe de la URSS, sumado al descrédito del Estado surgido en Norteamérica en los años treinta, y la crisis del modelo estatal latinoamericano, originaron en la década de los ochenta una fanática ilusión en el neoliberalismo. Esta doctrina que impera en América Latina desde hace diez años, con pretensión milenarista, afirmó para entusiasmo de sus catecúmenos y neoconversos que transformaría y modernizaría la sociedad. Pero diez años después, cada una de sus promesas se ha descubierto como una falsedad.

Hoy, 120 millones de latinoamericanos sufren hambre (FAO), 200 millones sobreviven con menos de dos dólares diarios, y de ellos, 96 millones con menos de un dólar (CEPAL). En los últimos seis años, cuarenta millones de personas han sido empujadas a esa situación por los ajustes monetaristas que además expulsaron 3 millones de trabajadores del sector publico y 12 millones del sector privado por efecto de la recesión. La deuda externa de América Latina era en 1989 de 412,000 millones de dólares. En los seis años siguientes fueron pagados 315,297 millones por intereses y amortizaciones. Pero en 1995 la deuda totalizó 562,000. (Banco Mundial-RDS). 

Por su parte, los mal llamados "capitales golondrina", han extraído 28,800 millones de dólares por sobreintereses de depósitos; es decir, por la diferencia entre lo que obtuvieron en América Latina (12%) y lo que hubieran ganado en plazas internacionales (4%). Gracias a un periodo de mejores precios externos y al abaratamiento de los salarios, aumentaron las exportaciones, pero el PBI per capita del continente se mantiene igual al de 1970 y además, el ingreso y la propiedad se han concentrado en el 5% superior de la población. Los servicios de educación y de salud han sido destruidos como por efecto de una guerra, las tarifas de las empresas privatizadas se han incrementado brutalmente, etc., etc. 

Así, la lógica de la explotación contra la que insurgieron los movimientos populares a comienzos del siglo, ha sido sustituida por la nueva lógica de la exclusión, en la que el ser humano no es ya ni siquiera explotado, sino ignorado y marginado del trabajo y del sistema económico. 

Tales son las consecuencias del neoliberalismo, que ofreció transformar totalmente la sociedad gracias al absolutismo de las leyes del mercado.

Sin embargo, en el mundo, la ola neoliberal extremista retrocede. La nueva victoria de Clinton lo confirma. Es el triunfo ante quienes proclaman desmantelar el Estado providencia, cortar los programas sociales y reducir severamente el numero de funcionarios. Y por la misma causa se anuncia la victoria de la social-democracia frente a Kohl en Alemania y Major en Gran Bretaña. Los pueblos saben que enfrentar el extremismo, no significa renegar del proceso de mundialización o de la economía de mercado, pero si reclamar los valores del liberalismo histórico, el de Montesquieu y su tesis de los pesos y contrapesos en los poderes políticos; es decir, el liberalismo racionalista y equilibrado, para oponerlo a la versión totalitaria que ha usurpado su nombre diciéndose neoliberal. Saben que la mundialización de la economía con las desigualdades y la racionalización de los Estados que impone son un hecho ante el que, por consiguiente, no cabe la negación irracional, pero si la regulación social de sus demandas. Pues el neoliberalismo, dejado a su libre albedrío sólo puede caer en el exceso y al trasladarse sin freno ni límite a la política, sólo genera el neofascismo que abierta o subrepticiamente ha llegado ya al continente latinoamericano.

Y si en los países desarrollados se supera el extremismo, también el pensamiento económico se está alejando del monetarismo. Tal es el caso de William Vickrey, Premio Nobel de economía 1996, que en sus trabajos sobre la "Información asimétrica" comprueba cómo el objeto último del modelo neoliberal es que el negocio financiero, abandonando las ganancias con activos de riesgo, se concentre en la cobertura o transacción operativa de corto plazo y en los activos virtuales y futuros, donde un quantum de dinero electrónico que sólo existe en las pantallas, ha sustituido la producción real. 

Por eso cobra más fuerza, día a día, la certeza de que ninguna teoría en si misma es acertada o lineal, que la realidad impone cambiar oportunamente los modelos según se requiera una etapa de contracción y ajuste monetario o una de reactivación, y que lo absurdo es, como lo pretende el neoliberalismo, convertir un instrumento, útil tal vez en una circunstancia, en una teoría universal y permanente. Así, sesenta años después, los conceptos de Keynes vuelven a gravitar sobre el pensamiento económico.

En suma, aunque en América Latina sus obcecados defensores repiten que es un modelo perfecto, el neoliberalismo está en retroceso. Pero el régimen de Apartheid que impuso en la década, tendrá irremediables consecuencias sociales, pues entre otras cosas, lo que la infancia latinoamericana marginada no consumió en los siete años transcurridos, no tiene ya remedio. 

He aquí siete de las falsas propuestas del neoliberalismo, con las cuales éste perpetró el secuestro ideológico que ha sufrido el continente.

1.- LIBERAR A LA SOCIEDAD DE LA OPRESIÓN ESTATAL.

El neoliberalismo ofreció que gracias a la venta de los activos y empresas del estado, una ola de inversión mundial llegaría a América Latina. Además anunció que al terminar el intervencionismo estatal y reducirse el empleo público, la sociedad se vería libre del peso del Estado.

Por eso en diez años se han vendido aproximadamente 1,600 empresas públicas, de las cuales doscientas de gran dimensión, y los gobiernos han recibido a cambio 80,000 millones de dólares. Por ejemplo, desde febrero de 1992, el Perú vendió 95 empresas obteniendo a cambio 4,270 millones, Argentina recibió 18,000 millones, de los que 12,067 en efectivo y 6,155 en papeles de deuda externa. Además, el estado redujo o abolió sus reglamentos e intervención en todos los sectores.

Más impuestos.-
Hoy sin embargo, tanto en Argentina como en el Perú o México, el Estado pesa mucho más que antes sobre cada individuo por el monto de los tributos y tarifas que éste debe pagar. La presión fiscal real per capita en América Latina ha aumentado en promedio 20% en los últimos seis años, con la correspondiente disminución del ingreso familiar. 

Esa es, en términos directos, la principal razón del desmesurado peso actual del Estado. Porque el Estado que era burocrático y propietario se ha convertido en un Estado recaudador de impuestos con los que pagar la deuda externa. En todos los países, en vez de enfrentar graves problemas como el desempleo o la hiperconcentración de la riqueza, los gobiernos han destruido a las clases medias aumentando la presión impositiva. En el Perú por ejemplo, los ingresos fiscales subieron en sesenta por ciento entre 1990 y 1995 con el único objeto de servir los intereses de la deuda. En casi todos los países, los impuestos indirectos al consumo (TVA,IGV) aumentaron más del 50%, y en todos ellos al igual que en el Mercader de Venecia de Shakespeare, la deuda tributaria se cobra cortando una libra de carne del deudor.

Más tarifas.-
En segundo lugar, al privatizarse muchas de las empresas en condiciones monopólicas, cada una de ellas multiplicó sus precios. Se había prometido que privatización era eficiencia y por ende menores tarifas, pero fue al contrario. Por eso, en los últimos años, las tarifas básicas han aumentado tres veces más que el índice general de precios en los países de América Latina. Y en algunos casos en una proporción mayor. 

Por ejemplo, la Compañía de teléfonos del Perú tras ser privatizada, aumentó sus tarifas 150% en apenas dos años. Así, entre 1990 y 1996 el servicio telefónico básico aumentó para los peruanos en 922% (de 6 centavos de Nuevo Sol a 57 Nuevos Soles). Gracias a ello. Telefónica Internacional de España, la nueva propietaria obtuvo una ganancia neta de 305 millones en el primer año, siendo que cada línea instalada arrojó un beneficio neto de 275 dólares, exorbitante al comparársele con los 20 y 145 dólares que la misma empresa obtiene en Venezuela y Argentina respectivamente.

Parecido es el caso de los precios del agua potable, la electricidad, el gas, los correos y otras tarifas en el resto del continente. Y éste es el costo indirecto de la destrucción del aparato estatal.

Más pobreza.-
Pero en tercer lugar, en los últimos diez años, casi tres millones de empleados públicos del Estado latinoamericano han sido despedidos perdiendo todo salario. Otros doce millones han perdido el trabajo por la recesión y para el resto los ingresos han caído. Si a su nueva situación, se suma el peso de los impuestos directos e indirectos y las mayores tarifas, se comprende en cuánto se ha reducido el consumo social por la llamada revolución neoliberal. Por ejemplo, en Lima, desde 1990, el 24% de los trabajadores formales perdieron sus empleos (Ipade), en tanto que en Argentina el desempleo creció de 8% en 1990 a 17.2% en 1995. A todo ello deben sumarse las consecuencias de la privatización y mercantilización de los servicios de salud y de educación que el Estado abandonó progresivamente. El sistema anterior de educación gratuita ha sido sustituido por tarifas escolares y universitarias de nivel norteamericano o europeo, en sociedades con salarios del Tercer Mundo.

En consecuencia el estado neoliberal recaudador es un gobierno rico sobre una sociedad cada vez más pobre. Y los recursos que succión del país, no sirven para dar empleo (3 millones de empleos públicos menos), pero tampoco para hacer obra física. En los últimos años, el nivel de construcción de obras básicas de infraestructura (represas, irrigaciones, hidroeléctricas, puentes, grandes hospitales) se ha reducido entre el 30 y el 40% en la inversión global latinoamericana, pues el grueso del presupuesto se consume en el pago de deuda y de intereses.

En suma, así como el comunismo anunció en el siglo XIX la destrucción del Estado y la disolución de las clases sociales, pero culminó construyendo un superestado omnipresente y todopropietario; también el neoliberalismo ha traicionado su oferta, construyendo un tipo de Estado más pesado sobre las espaldas del latinoamericano común y corriente. En realidad, el Estado anterior se ha feudalizado entregando cada uno de sus anteriores monopolios y privilegios a sus compradores, los nuevos privilegiados de América latina.

Y en términos reales, en una economía cuyo producto per cápita no ha aumentado, con menos empleados y sin empresas públicas, el Estado gasta más que hace diez años. Por eso el déficit es el mismo que entonces, o mayor. En México como en el Perú el déficit de cuenta corriente alcanzó el 7 por ciento en 1995. En todos los países, nuevas pandillas y argollas de favoritos se han creado, en algunos casos con sabor racista, y el uso del Estado para premiar a los amigos o castigar a los adversarios se ha profundizado. 

La transformación o destrucción del Estado que anunció el neoliberalismo ha fracasado. La experiencia demuestra que negar el rol del Estado en la regulación del mercado agrava los problemas, que privatizar por mandato ideológico sólo lleva a constituir monopolios abusivos y mafias, y que el rescate del papel regulador del Estado debe hacerse en condiciones de transparencia de mercado y de competitividad económica, pero preservando el interés de las mayorías.

2.-EL AJUSTE NEOLIBERAL ES UN SACRIFICIO PASAJERO, DESPUÉS DEL CUAL LLEGARA LA MODERNIDAD.

Para convencer y reclutar a la población latinoamericana se le propuso atravesar unos años de esfuerzo, después de los cuales, con el estado reducido a su mínima expresión, la inversión multiplicada, la deuda pagada puntualmente y el apoyo de los organismos mundiales, llegarían "el final del túnel" o "la tierra prometida" y con ellos, la estabilidad económica, el empleo, el bienestar (nunca se propuso por cierto, la justicia social). 

Y el señuelo cumplió su cometido porque los pueblos creyeron en la oferta, aceptando con resignación los sacrificios. El poder publicitario del modelo es enorme. Producido el efecto de fascinación, efecto de encantamiento conocido en zoología que permite al cazador inmovilizar a la presa, los pueblos por largo tiempo aceptaron el desempleo y el aumento de la pobreza, a cambio de la "modernización" que a sus ojos aparecía ya. Nueva pintura e iluminación de estaciones de gasolina, un centro comercial remodelado con servicios de computación, más automóviles, todo ello fue transformado por el efecto de fascinación en la llegada del futuro. El cambio a la vista, bien valdrían la pena los dos años de sacrificio.

México, en 1987, fue el primer país que aplicó las nuevas teorías, luego el Perú, Argentina y otros. Pero siete años después, al terminar en 1994 el periodo de Carlos Salinas que fue el "Presidente modelo" del FMI, la crisis resurgió con más fuerza. Se había vendido 800 de las 1,152 empresas públicas y se había pagado 90,000 millones de dólares en amortizaciones e intereses de la deuda. Por la política de importaciones, el creciente déficit comercial alcanzo a 29,000 millones de dólares en 1994, (entre 1989 y ese año las ventas de Estados Unidos a México crecieron de 25,000 a 51,000 millones). Por eso en 1994, el déficit fiscal era mucho mayor, la deuda externa se había duplicado, la devaluación volvió y además, en siete años, los salarios habían perdido 30% de su capacidad adquisitiva. 

Obstinados y fanáticos, los gobernantes de México insistieron en la misma receta: ofrecer al pueblo que tras un nuevo ajuste "indispensable", la estabilidad y el desarrollo por fin llegarían. Se continuó la venta de las empresas, pero el salario ha perdido nuevamente 26% en los dos años (1995-1996), y el país debió endeudarse en 20,000 millones de dólares adicionales para pagar la fuga de los Tesobonos o depósitos golondrina que huían llevando consigo los más altos intereses del mundo. Así, el túnel de nueve años sólo tuvo luz para los bancos que cobraron, para los compradores de empresas públicas, para los depositantes golondrina, pero el pueblo continúa en la obscuridad.

Argentina ha seguido, con algunas diferencias, el mismo camino. Ilusionada o engañada gracias a la venta de las empresas, a mejores precios de exportación y al ingreso de capitales golondrina y de especulación bursátil, pudo sostener por unos años el plan de convertibilidad que había fijado la equivalencia entre el peso y el dólar. Y aunque la población veía reducirse sus salarios y avanzar el desempleo, el efecto óptico de la paridad cambiaria, de la inflación en baja y el sueño social de ingresar al Primer Mundo, justificaron el grotesco aumento de los impuestos y las tarifas. Pero la ilusión paritaria también ha llegado a su fin. Para sostenerla, sólo le queda al gobierno el financiarla cobrando aun más impuestos, expulsando más trabajadores, aumentando los años de servicios para el retiro y alargando la jornada laboral. No se confiesa que con la paridad cambiaria, se subsidió escandalosamente al capital especulativo, que pudo cobrar cada año con sus intereses de hasta 14%, una suma igual a lo que se sustrae de los argentinos por mayores impuestos y tarifas. Y no se rectifica, porque lo importante es mantener esos capitales a cualquier costo, hacer durar el modelo, ganar tiempo.

Además, hay que convencer a los pueblos de que la responsabilidad de los problemas sociales es sólo suya. Sostener como el presidente argentino, que los discursos contra el neoliberalismo son "demagógicos y lacrimógenos" (Cumbre Iberoamericana-Santiago de Chile-Noviembre 1996) y que por consiguiente sólo con mayores sacrificios tal responsabilidad podrá ser superada. De allí, se concluye en la necesidad de reducir los "costos laborales" (salarios) y aumentar la jornada laboral (la propuesta argentina alarga hasta 12 horas la jornada legal), ocultando que mientras en Argentina el numero de horas trabajadas anualmente es de 2,095, en Alemania es de 1,590 y en Francia de 1,676, sin que en esos países ningún masoquismo manipulatorio haya llevado a proponer el alargamiento de la jornada.

Igual ocurre en el caso peruano, con el agravante de ser, ese gobierno, una dictadura. Allí, después de una precipitada y sospechosa venta de los activos del Estado con la que se financió el déficit de cuenta corriente en los años 1994 y 1995 y se alimentó la ilusión social; a comienzos de 1996, el déficit en cuenta corriente amenazaba ya con llegar a un récord histórico. En efecto, la apertura exigida por el modelo y las sobreimportaciones originaron un déficit comercial que fue sucesivamente de 340, 599, 972 y 2111 millones de dólares entre 1992 y 1995. Como al mismo tiempo el gobierno pretendía pagar la deuda, el déficit en Cuenta Corriente fue creciendo y a pesar de la venta de empresas públicas y de la recepción de capital golondrina y de especulación bursátil, la crisis ha vuelto.

Lo pasajero se hizo definitivo.-
También en el Perú, la oferta del "sacrificio pasajero" se fue extendiendo año a año. En 1990, se ofreció que sería de dos años. En 1992, se salvó la situación mediante un golpe de Estado que creó expectativas de ruptura en la población y dio así nuevo oxígeno al modelo. Pero cuatro años después del golpe (y seis después de comenzado el modelo), los peruanos comprueban que lo real, es que el ajuste no es pasajero, sino consubstancial al modelo y que durará todo el tiempo que éste dure, sin mejoría para los sectores mayoritarios ni para las cuentas nacionales. Hoy, como nuevo argumento se afirma que debe cumplirse una "segunda ola de reformas", ocultando que el modelo ha fracasado y que sólo se intenta vender alguna cosa más para cubrir las brechas ocasionadas por seis años de obstinación.

Stalin, a su turno, elevó al nivel de una teoría, la necesidad de sacrificar varias generaciones, privándolas de libertad y de bienestar material, para hacer irreversible el camino hacia el comunismo. Y la historia demuestra que solamente construyó un estado totalitario y que el sacrificio exigido fue una gran estafa contra los seis millones de campesinos y opositores asesinados y contra decenas de millones de obreros condenados a una penosa existencia para que la URSS avanzara en el campo geopolítico y militar, y para que la cúpula totalitaria dominara el país. Qué explicación se dará en el futuro a los cien millones de niños latinoamericanos, cuya nutrición y educación han sido sacrificadas al pago de la deuda externa y al enriquecimiento de pequeños grupos monopólicos? 

Los plazos señalados por el neoliberalismo para llegar a la tierra prometida no son ciertos. El neoliberalismo es un túnel sin final. Nadie puede pretender que una teoría tiene vigencia universal y permanente, y por ello, sacrificar una generación con la falsa oferta de la estabilidad futura. Esa es la oferta de todos los totalitarismos. La experiencia enseña que se requiere de aproximaciones graduales y prudentes que preserven al ser humano, especialmente en los países más pobres.

3.-LA AFLUENCIA DE CAPITALES SERÁ ENORME CUANDO SE REDUZCA EL ESTADO Y SE PAGUE LA DEUDA EXTERNA

Con esta propuesta, respaldada por los bancos que cobran su deuda gracias al modelo adoptado, la idea de un cuantioso ingreso de capitales "frescos", justificó el "sacrificio necesario". Y en efecto, en los primeros años, llegaron capitales de depósito rentístico y de especulación bursátil, inflando de vanidad las cifras que presentaban los ministerios de economía. Se dijo que la inserción era un éxito. Se había roto el aislamiento de América Latina. 

Pero era un éxito aparente y pírrico. Porque esos capitales, salvo en mínima proporción, no fueron recursos de inversión productiva y en gran parte tampoco fueron realmente extranjeros, sino repatriación de recursos anteriormente fugados. Así, capitales exportados de América Latina en la década anterior para evadir los impuestos, fueron reintroducidos con bandera de conveniencia, ocultos bajo el nombre de empresas internacionales y Bancos Off Shore, para depositarse a las más altas tasas de interés del mundo. Fue un premio adicional a la concentración económica dentro de América Latina, que en los últimos seis años creció en 50% en beneficio a los más ricos, en tanto que la pobreza se duplicó.

Porque el modelo, apoyado en todas partes sobre una paridad artificial con el dólar, tenía como elemento básico, tasas de interés astronómicas en relación a la economía mundial. Para reprimir pasajeramente la inflación, fue necesario reducir el consumo y "enfriar la economía", y con ese fin, las tasas anormalmente elevadas sirvieron para desviar los recursos de la demanda. Adicionalmente, para reprimir la inflación fue necesario también reducir brutalmente la liquidez y la emisión, y esa escasez de circulante nacional mantuvo las tasas en altos niveles. En esas condiciones, el capital fue redepositado en América Latina. Condiciones extraordinarias se presentaban para ello. Tasas de interés altísimas, el compromiso de los gobiernos de mantener por largo plazo la paridad con el dólar, y salarios del tercer mundo. Los tres componentes soñados por el rentismo.

El capital golondrina.-
En los últimos años, llegaron aproximadamente 60,000 millones de dólares a depositarse a tasas de ganancia incomparables (cifras de encaje de moneda extranjera en el sistema bancario y de Emisión de Bonos- CEPAL). Ponderando las tasas reales en moneda nacional y extranjera: 14% en Argentina con paridad cambiaria garantizada por la ley, 12% en México, 20% en el Perú y aunque parezca increíble, 20% en Colombia con revaluación de la moneda. Pero esos capitales a los que con interés ideológico, comenzó a llamarse "golondrina", significaron en realidad una brutal descapitalización de la economía latinoamericana. Así, un millón de dólares depositado en Argentina al 14%, ganaba en doce meses ciento cuarenta mil dólares, en tanto que en cualquier plaza norteamericana o europea, sólo hubiera ganado cuarenta mil.

Un cálculo aproximado permite afirmar que los 60,000 millones depositados en los últimos seis años en América Latina, a una tasa de interés de 12% anual en promedio,(8% más alta que la tasa internacional) representan 43,200 millones de interés ganado. Pero esos mismos 60,000 millones depositados a tasas internacionales sólo hubieran ganado 14,400. La diferencia a su favor es de 28,800 millones y fue financiada con las exportaciones, las reservas y naturalmente los tributos pagados por los latinoamericanos.

Se comprueba así que el termino "capital golondrina" es un eufemismo interesado. Porque bajo el concepto volátil y atemorizable que el término golondrina propone, se advirtió a las sociedades que deberían brindarles todo tipo de seguridades y ganancia para evitar su vuelo. Pero en realidad, fueron "capitales vampiro", puesto que sus intereses han desangrado la economía continental, sin crear ni producción ni empleo.

Pero los gobiernos mantuvieron esa situación, pues el ingreso de esos capitales, aunque a la postre destructivo, les permitía pagar la deuda, mostrar reservas crecientes y pregonar el éxito del modelo. Así, en vez de tomar créditos a 5% en el mercado mundial, los países pagaron intereses de hasta 14%. Jamás la usura financiera había llegado a tales niveles. Por su parte los bancos acreedores guardaron silencio. Su objetivo era ganar tiempo, cobrar la deuda, y comprometer a los países en onerosos arreglos o participar en la carrera de privatizaciones en la que por cierto, los papeles de la deuda fueron reconocidos como medio de pago. 

Como veremos más adelante, a pesar de ello, y de haberse comprado esos papeles a valor reducido, la deuda externa aumentó inexorablemente. Más aun, en los meses inmediatos al estallido financiero de México en 1994, los bancos, cómplices en el ocultamiento de la crisis, continuaron recomendando a sus clientes y Fondos de Retiro, los depósitos y la especulación financiera en México. Después, tras el estallido, los mismos bancos conformaron grupos de crédito para habilitar con 20,000 millones al gobierno mexicano, con el objeto de que éste redimiera los Tesobonos representativos de los depósitos golondrina. Jalisco nunca pierde!

Capital golondrina y desempleo.-
La mejor prueba de que esos capitales eran cuasi electrónicos, como los denomina William Vickrey, premio Nobel de economía, y no capitales de inversión, es que el desempleo ha tenido un espectacular crecimiento. Y con él, la recesión. Por ejemplo, medido en soles constantes de 1979, el Producto Bruto peruano de 1987 representaba 4'234 y el de 1995, 4'179, pero el estancamiento se agrava considerando que, entre 1987 y 1995 la población peruana ha crecido de 20 a 23.5 millones.(Ipade-Perú). Algo más, se afirma en la Argentina que desde 1993 las empresas extranjeras han invertido 7,000 millones de dólares en la adquisición de 400 empresas locales, especialmente en la alimentación, automotores, papel, bebidas. Pero en esos rubros, el desempleo ha crecido más que en otros sectores, en tanto que el desempleo global aumentó de 8.6% en 1990 a 17.2% en 1996. 

Es falso que bajar los salarios y los costos sociales cree más empleo.-
Es importante comprobar que en Argentina, al igual que en el Perú, se ensayaron nuevas modalidades laborales sin cargas sociales, se eliminaron los aportes patronales (con un costo fiscal estimado de 3,500 millones de dólares) se redujeron las asignaciones familiares. Según Carola Pessino (asesora del Ministro R. Fernández) los costos laborales bajaron 15% y el salario industrial real 10%, pero el desempleo aumentó (Clarín. 8/XII/96). De igual manera, en el Perú fue suprimida la estabilidad laboral y reducido el salario. Todo ello con la convicción errónea de que el empleo aumentaría. Y fue al contrario, como la teoría keynesiana prevé: en la ciudad de Lima el desempleo se duplicó.

Porque "la inversión no se da en función a los ingresos. Por el contrario, se da en función a las expectativas. Pueden reducirse los impuestos a las altas ganancias, y así se concentrará aun más el ingreso pero no habrá más inversión productiva, porque en una economía deprimida no tiene sentido la inversión productiva. Lo que existe es el giro improductivo del dinero que no produce valor material, sino intereses" (Ver artículo La victoria de Clinton y la renovación de la economía. Diciembre 1992). Análogamente, puede disminuirse, como se ha hecho, el costo laboral y suprimirse todas las cargas sociales, pero el desempleo aumentará, porque las expectativas se orientarán, como los capitales golondrina, hacia la renta o hacia negocios de ganancia rápida como las privatizaciones.

La enorme rentabilidad en la compra de empresas públicas.- Porque la rentabilidad del capital introducido para la compra de empresas públicas fue y es enorme. Ya hemos mencionado el caso de la empresa telefónica del Perú. Pero aun más grosera es la ganancia del rubro eléctrico: Electro Sur (distribución de la energía en la parte sur de la ciudad de Lima), adquirida por capital chileno en 212 millones de dólares, arrojó en el año siguiente una ganancia neta de 50 millones. Pero después, al introducir de inmediato sus acciones en la bolsa, su valor se multiplicó por tres (de uno a tres dólares por acción). Así, el nuevo valor de la empresa y la utilidad del primer año, sumaron 676 millones; lo que, deducida la inversión de 212, da un valor neto a favor de 464 millones.

De igual manera, la rentabilidad en las bolsas ("emerging markets") fue enorme. Por ejemplo, en México donde el desempleo continuó expulsando "chicanos" hacia los EE.UU., la renta especulativa de la bolsa llegó al 48% en el año 1993(La Jornada. Dic.1994), o en Argentina y Perú, donde superó esa proporción. Esas noticias llenaban de expectativa a la opinión, así como el efecto visual de algunos grifos de gasolina mejor iluminados, la visita de funcionarios internacionales y algunos nuevos centros comerciales. 

Pero la realidad fue diferente. Llegaron a América Latina capitales rentísticos, y el exiguo capital de inversión arribado, no compensa la salida de recursos por intereses, por pago de deuda o por los gastos de importación impuestos por el modelo, ni ha creado tampoco el empleo que se ofreció. La experiencia demuestra así, que el capital extranjero es fundamental en esta etapa de globalización, pero lo es, en la medida en que esté orientado al desarrollo económico, al empleo y a la tecnología. Si por el contrario, el Estado se abstiene de concertar con el, y subordina la sociedad y la economía a servir cualquier tipo de capital, éste se orientará a lo más lucrativo, la renta, y en vez de aportar desarrollo, traerá, como lo ha hecho, pobreza y desempleo.

4.-GRACIAS A LA REVOLUCIÓN NEOLIBERAL SE EXTINGUIRÁ LA DEUDA. 

Cuando la ola neoliberal se apropió de América Latina, electoralmente, o por la fuerza, como ocurrió en el Perú, el continente debía 400,000 millones de dólares y pagaba cada año por amortización e intereses 50,000. Los gobiernos neoliberales aumentaron el servicio de la deuda, (en 1994 el pago anual fue de 64,000 millones. Banco Mundial RDS) buscando desesperados, el apoyo verbal de los bancos y organismos a los que favorecían. Para ello aprovecharon el ciclo de aumento de precios de los productos de exportación, cuyo índice creció de 82.9 en 1992 a 102 en 1995 (Cepal.Informe 1996). En esos cuatro años, el 25% de aumento en los precios (azúcar de 9 a 13 centavos, trigo de 141 a 178 dólares, algodón de 61 a 104 centavos, cobre de 103 a 133 centavos, etc.) fue usado exclusivamente para pagar la deuda o para los intereses golondrina y así, por primera vez en América Latina, un ciclo de aumento de precios coincidió con un agravamiento del desempleo y la pobreza. 

Mas a pesar de ello, la deuda creció. En 1989, México debía 97,000 millones de dólares, durante seis años pago 107,000 millones, pero en 1996 su deuda llega a 165,000. Argentina debía 53,000 millones, hoy debe 91,000. Y como ellos, casi todos los países gobernados por el neoliberalismo. En conjunto América Latina tenía una deuda de 416,000 millones en 1989. En los últimos seis años ha pagado 389,297 millones (sin incluir el pago hecho en 1996). Pero debe ahora 574,000 millones de dólares.(Banco Mundial-DRS-Cepal). Es decir que en los seis años se pagó una suma igual al 93% de la deuda original, pero la deuda final es 37% mayor, y esto en países con un mayor déficit en Cuenta Corriente y sin mas activos que vender. 

Ello mantiene a la deuda externa como el primer problema del continente y como la primera causa de su déficit, porque es el primer y mayor gasto del Estado. Así, según la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de México, en 1996 los recursos asignados al pago de la deuda eran 50% mayores que el 3% de crecimiento del PBI proyectado para el año (La Jornada 12-XI-96). Porque para servir 8,078 millones de vencimientos y 5,613 millones de intereses deberían destinarse 13,700, siendo que cada punto del PBI equivale a 3,050 millones. En conclusión la deuda consumió una y media veces el crecimiento de la economía mexicana. Sin considerar que ésta necesitó además, otros 27,644 millones, equivalentes al 7% del PIB, para retirar los bonos de tesorería (golondrinas).

Y México es sólo un ejemplo de lo ocurrido a otros países. Argentina está comprometida a pagar en 1997, 14,439 millones (4,852 de intereses y 9,587 en amortizaciones), y en 1998, 13,316 millones, es decir, el 70% de sus exportaciones. Según la Auditoría General de la Nación (Dic. 1996), la deuda total alcanza a 91,000 millones y creció entre 1992 y 1996 en 30,000 millones con el "milagroso Plan Cavallo" de Convertibilidad. Así, según la AGN, Argentina tendrá que pagar 41,582 millones durante el lustro 1997-2,001. Como ejemplo, sólo en setiembre de 1996, los intereses de la deuda pagados por valor de 479 millones son una suma cercana a toda la inversión en los Programas de Seguridad Social (Pami-Anse) que es de 516.

Durante estos años, fue un lugar común para los economistas y políticos repetir que la deuda externa ya no era un problema. Dijeron que no lo era para los países (sic), pero tampoco para los bancos, pues éstos ya se habían cubierto de posibles perdidas. Además, caricaturizaron cualquier propuesta de reducción del pago ("política de perro muerto"). En realidad fueron víctimas de la operación de secuestro ideológico y alentaron inconscientemente el sobrepago.

Pero la deuda ha vuelto dramáticamente al escenario. Porque, como ya se ha explicado muchas veces, el carrusel, o crédito nuevo para pagar deuda vieja, mantiene el volumen global, sumando nuevos intereses. Pero además porque el modelo impuesto a los países para tener el "honor de pagar su deuda", los ha llevado a la recesión, por la caída del consumo interno. Así, mientras la deuda crece por sus intereses 6% anualmente, los salarios promedio en el continente han caído 30% en los últimos siete años.

Brady: una reducción para pagar más.-
Como parte del modelo se ofreció que a cambio del pago efectivo, el mundo financiero disminuiría drásticamente el volumen de la deuda. Y ese señuelo también creó expectativas sobre el plan neoliberal. Así, surgieron sucesivamente el plan Baker y el plan Brady. Pero los dos eran desde el origen recursos dilatorios ante la amenaza de una suspensión de pagos: Robin Broad, asesor del Secretario del Tesoro J. Baker dijo en 1987 que "el plan Baker nació de dos desayunos de trabajo, como una maniobra para adelantarse al presidente peruano Alan García, que había decidido, temerariamente y sin consultar a los EE.UU., dejar de pagar la deuda" (New York Times-Set 1987).

Por eso, después de cada arreglo Brady, el país debe pagar una gruesa cuota inicial inesperada, y se compromete a pagar durante quince o veinte años, cantidades mayores a las que había venido pagando. Paradójicamente es una reducción para pagar más. Este es el caso de Venezuela, de Argentina, de México. A cambio de ello se ofrece a los países el señuelo siguiente: que una parte de la deuda global, la deuda pública, se reducirá en 30% por ciento. Pero la realidad es que en los veinte años de pago, el esfuerzo interno de impuestos y tarifas será mayor que el que hasta ahora se venía haciendo. 

Por ejemplo, el Perú tenía en 1990 una deuda de 20,000 millones. En los seis años de neoliberalismo brutal que siguieron, pagó 7,500 millones. Y ahora, en 1996, tiene una deuda de 34,000. Es decir que pagó el 36% de la deuda original, pero ésta ha aumentado en un 70%. En las nuevas circunstancias, después de haber vendido casi la totalidad de sus empresas, de haber triplicado sus tarifas e impuestos en términos constantes, se le ofrece ahora un acuerdo Brady por el cual habría una reducción de 30% del monto de la deuda publica, si se compromete, claro, a pagar totalmente la deuda global. Así, el nuevo monto de la deuda sería de 28,000 millones, pero el pago anual por ella, sería 20% mayor que el que en los últimos seis años se ha hecho. Y esto por los próximos 20 años. 

En consecuencia, si en 1995, y solamente por la parte de deuda incluida en el Plan Brady, el Perú 1,020 millones; en 1998 "gracias al acuerdo", pagara 1,800 millones; es decir, un ochenta por ciento más que el promedio histórico.

Eso equivale a prometer a quien espera ser fusilado, que en lugar de serlo con 10 balazos, lo será con 8, aunque al final reciba 15. Y se ha presentado a los peruanos explicándoles que así, en 20 años, se habrá extinguido la deuda. Pero ese es sólo el recurso político de poner un plazo a los esfuerzos, sin decir que, por el contrario, con esa amenaza de veinte años es el propio país el que corre el riesgo de extinguirse, pues si para pagar durante seis años, se vendieron las empresas y se redujeron el salario y el consumo, cabe preguntar qué será necesario hacer en los próximos 20 años, en los que no habrá empresas que vender. Y la respuesta viene de Argentina y Perú: por ejemplo, alargar la jornada laboral y convertir los salarios en variables. Pero esto, aparte de ser injusto socialmente, es absurdo económicamente porque el salario y el trabajo humano son lo más barato que tiene América Latina. Por consiguiente, una reducción de esos factores es poco significativa frente al costo siempre creciente de los intereses y la deuda.

Sin embargo, la obstinación se mantiene. En Venezuela se continuará con la privatización de las empresas de hierro, de aluminio, y las acciones de la telefónica, de las que se espera obtener 5,000 millones de dólares destinados a un fondo especial para la deuda externa, al que se asignarán los mayores ingresos petroleros. Y aunque el Ministro de Hacienda, Sr. Matos argumente que el servicio de la deuda consume 40% del presupuesto, otro ministro, el Sr. Petkoff afirma rotundamente "Nosotros no malgastaremos ese dinero (se refiere a invertirlo internamente) ni aunque el precio suba a 1,000 dólares el barril".(El Universal 10-X-96).

Se oculta el volumen de la deuda.-
Otro aspecto es el ocultamiento y el "maquillaje" de las cifras de deuda. Sabiendo que son la prueba de la irresponsable hipoteca que dejan sobre el continente, algunos gobiernos han falseado públicamente los números. Por ejemplo, hasta junio de 1996 el gobierno y el Banco Central del Perú reconocían una deuda de 25,000 millones. Inesperadamente, en Julio, por una filtración del propio Banco, se vieron obligados a reconocer que la deuda actual es de 34,000 millones. Y así, en un solo día, la deuda externa del Perú creció 32%.

La deuda se multiplicó por tres.-
Por último, contrariamente a la promesa de reducir la deuda, ésta, tomada a precios de mercado, se ha multiplicado por tres en el promedio continental. Y mucho más en el caso de algunos países como el Perú. En efecto, en 1990, los papeles de la deuda se cotizaban entre el 6% y el 10% de su precio nominal. Ese era el valor de mercado de la deuda y a ese precio hubiera debido negociarse. Pero en los años siguientes, los especuladores ligados al gobierno peruano compraron gran parte de esos títulos. Después, gracias al rígido programa neoliberal, al golpe de estado que hizo posible su aplicación, y a la obsesión de pago demostrada, el valor de los papeles subió hasta 40%. Así, su valor de mercado había subido cinco veces. 

En esas circunstancias, se permitió el uso de los papeles como medio de pago por la compra de empresas, y se les reconoce ahora, en su valor total, para pagarlos al 100 por ciento. Este es el más escandaloso negociado perpetrado en el continente, pues sus ganancias y dimensión exceden a las del narcotráfico. Sin embargo, tanto el ocultamiento de las cifras, como este vil negocio hecho a nombre de la "modernidad" son posibles gracias a la situación política que vive el Perú. 

Bajo el imperio del neoliberalismo, la deuda y su pago han aumentado más que nunca, amenazando el futuro de los países. La experiencia demuestra que sin una firme negociación global, el monto de la deuda y sus intereses seguirán creciendo a más velocidad que el esfuerzo de los países por pagar. Entre 1982 y 1987 América Latina perdió la gran oportunidad de renegociar la deuda. Diez años después, al pasar la ola neoliberal, una nueva y gran ocasión se presenta. Los grupos regionales que existen actualmente como el Mercosur y el Grupo de Río (creado por iniciativa del gobierno aprista del Perú), son el instrumento adecuado para un planteamiento colectivo.

5.- EL MODELO NEOLIBERAL ES EL ÚNICO QUE CONDUCE A LA ESTABILIDAD ECONÓMICA

El neoliberalismo, ofreció que, gracias a la apertura de la economía, al pago de la deuda y a la reducción del Estado, se alcanzaría, por la acción de las fuerzas del mercado, una situación de equilibrio que denominó de estabilidad. Las metas eran una inflación de niveles internacionales, (dicha de "un dígito") y la estabilidad cambiaria. Se afirmó también que se lograría el crecimiento sostenido, al subordinar completamente la economía al sistema internacional.

La inflación reprimida.-
Y en verdad, en los primeros años de aplicación del modelo, el logro más importante a exhibir fue la reducción de la inflación, desde niveles superiores al 1,000% a niveles progresivamente menores. En efecto, en Argentina y el Perú las tasas de inflación llegaron a ser de 9 y 10% a partir del tercer y cuarto año de aplicación del modelo. Fue la mejor demostración del acierto de la teoría para una América Latina que habiendo sufrido graves situaciones hiperinflacionarias, asumió por reacción que la inflación era el único y mayor problema.

Sin embargo, la presunta estabilidad garantizada por una tasa de inflación baja, no es real. Debe hablarse de una inflación reprimida, por cuanto para embalsarla se hizo uso de todos los recursos posibles, generando problemas de largo plazo tan o más graves que ella: la recesión, el desempleo y al final, la amenaza creciente del retorno de la inflación en economías mucho más pobres. Y éste es el chantaje con el que se mantiene el modelo: que nada se mueva porque puede volver. La población latinoamericana es el "rehén" de la inflación reprimida, y a cambio de ella se le impone la destrucción de todos los otros índices sociales. Claro está que las hiperinflaciones sufridas son tan negativas como el modelo actual, pero tan absurdo como aceptar una inflación de 2,000%, es pretender "matar" en un año la inflación y aplastar todo con el señuelo publicitario de llegar al 10%. Ese es el mejor ejemplo del "cortoplacismo" neoliberal. 

PBI: crecimiento para la élite y para la deuda.-
Naturalmente, el "crecimiento" logrado con el ingreso de capitales especulativos y la venta de las empresas, o con el aumento de las exportaciones, debido al ciclo de mejores precios y a la disminución de los salarios, permitió hablar de un aumento del Producto Bruto Interno como prueba de estabilidad. Pero, como James Goldsmith lo advierte, éste índice sólo mide el grado de la actividad económica, y no la prosperidad ni el bienestar: "por ejemplo, ante un huracán o un terremoto la consecuencia inmediata es el crecimiento del PBN debido al aumento de la actividad desplegada para reparar el daño"."Si el crimen aumenta, continúa el autor, el PBN crece porque más policías se unen a las fuerzas y nuevas prisiones se construyen". Goldsmith, explica también que el costo del cáncer, del consumo de drogas y del crimen es de 473 billones de dólares, suma que explica el 7.4% del PBN de los EE.UU. ("La trampa"). Tal argumento contra la idolátrica obsesión sobre las cifras relativas al producto y a la inflación es concluyente. Porque ellas ocultan que la economía creció para el 20% superior de la población y para los acreedores externos. 
Ello se refleja en la escandalosa concentración de la riqueza que se ha profundizado con el reino del neoliberalismo. Pero se expresa también en las nuevas formas de violencia y delincuencia que proliferan tras cada programa neoliberal.

Inestabilidad en el comercio y las transacciones.-
Además, tanto el sobrepago de la deuda, como la política de apertura traumática a las importaciones mediante los llamados aranceles planos, han ocasionado cuantiosos déficits en la Balanza Comercial y en la Balanza en Cuenta Corriente, a pesar de que el índice de los precios de exportación latinoamericanos aumentó en 25 por ciento entre 1992 y 1995 (Cepal). En México el déficit en cuenta corriente creció de 2,378 millones de dólares en 1988 a 29,419 millones en 1994 (SHCP). En el Perú como ya se ha dicho, la suma del déficit comercial de los últimos seis años alcanza a 6,000 millones de dólares, cubiertos provisoriamente con capitales golondrina y de especulación bursátil, así como con la venta de las empresas. 

Pero la consigna es continuar con las importaciones para reprimir la inflación y para cumplir con la ideología del modelo. Un último informe de Cepal (Noviembre 1996) señala que entre 1990 y 1994 las importaciones provenientes de EE.UU. crecieron en 79% (de 49,000 a 88,000 millones) en tanto que las exportaciones hacia EE.UU. sólo crecieron en 38% (caso alarmante es el de la Argentina, en la que la importaciones de EE.UU. en esos años crecieron en 280%). Ello explica la grave recesión industrial así como el déficit y el crecimiento de la deuda y es una gravísima hipoteca. En el futuro, con economías afectadas por la recesión, el pago de todos esos déficits acumulados será un peso financiero insoportable. Sin embargo, el cortoplacismo del Fondo Monetario y del neoliberalismo, incuban una nueva crisis como la que en la década de los setenta crearon al inyectar créditos irresponsablemente o al reciclar las deudas después, para salvar el momento financiero.

La inestabilidad estructural del modelo.-
Algo más, la venta de las empresas públicas, la recepción de capitales golondrina, y la apertura de las importaciones, al reprimir la inflación y aumentar las reservas, tuvieron la finalidad política de gratificar psicológicamente a la población. En efecto, con mayores reservas, la sensación de haber alcanzado ya la estabilidad se retroalimentaba periodísticamente, y la expectativa social así creada, permitió duros ajustes en el salario, en el empleo y en la presión impositiva. En el caso del Perú, la instauración de un gobierno autoritario facilitó el modelo. Medidas que en circunstancias democráticas no hubieran sido adoptadas, fueron impuestas bajo el temor y el silencio, lo que además de sus connotaciones políticas, tiene gran importancia económica al haber profundizado la exclusión de vastos sectores sociales.

En efecto, si se acepta que el liberalismo económico debe ser acompañado por la democracia política, es porque a la dinámica social corresponde un rol motor en el curso de la economía. Por ejemplo, si mediante un régimen dictatorial, se concentra la riqueza y se conculcan todos los derechos, no solamente se destruye el contenido ético del sistema, sino que en términos económicos, el consumo y el mercado se contraen, al reducirse los salarios y el empleo. Entonces la producción declina y con ella la economía toda. Por eso, el papel reivindicativo de los sindicatos y los partidos, tiene como función sostener la demanda, y garantizar la marcha del sistema. 

El neoliberalismo, que es esencialmente cortoplacista, ha cancelado esa función con un modelo político de imposición, que permite temporalmente reprimir la inflación, pagar la deuda y concentrar la riqueza sin riesgo inmediato de protesta. Pero lo que se oculta detrás de la inflación reprimida es la destrucción del circuito económico, en el cual se intenta suplantar el consumo interno por la demanda externa. El resultado es que se ahonda la división de la economía en dos velocidades, una de las cuales se hipertrofia en detrimento al consumo nacional paralizado. Por esa razón, si las exportaciones crecieron en estos años por los mejores precios existentes y por la acción premeditada del estado, la economía agraria se ha derrumbado en todos los países, especialmente en el área destinada al consumo interno. (en 1996, el consumo de alimentos por habitante medido en kilos es inferior al de 1988) Algo similar ocurre con la industria de consumo nacional, aplastada por las importaciones y carente de mercado. Así, prosperan las actividades primarias de exportación y se contrae la industria que es remplazada por el empleo terciario en todos los países. En la Argentina por ejemplo, donde se afirma que la inversión extranjera llegó a 7,000 millones de dólares, un estudio del Instituto de Estudios del Estado y la Participación demuestra que mientras el empleo formal bajo 4.4% en 1996, sólo el trabajo precario e informal ha crecido en el año.

En síntesis, el neoliberalismo confunde la estabilidad económica, con la estabilidad del sector financiero a la que todo debe sacrificarse. Por eso en el Foro "Sistemas Financieros seguros y sanos" (BM Set. 1966-Washington) Michael Camdessus declaró enfáticamente :"Nunca más, nunca más. América Latina no puede darse el lujo de sufrir un colapso financiero más".

El empleo de la fuerza en los sistemas políticos y el anonadamiento psicológico cultural ejercido por los gobiernos y por las agencias y medios internacionales, redujo la capacidad de respuesta de los grupos sociales. Más aun, los sectores que internalizaron e hicieron propios los mensajes noticiosos y publicitarios, fueron reducidos a la pasividad por varios años. Y cuando ahora intentan reaccionar frente a los nuevos ajustes y a la precariedad del modelo, los daños infligidos al circuito económico son ya muy graves, el consumo social ha descendido y los niveles de pobreza se han duplicado en todos los países. El daño biológico y de salud a las poblaciones, es irreversible.

La falsa estabilidad de la moneda nacional.-
Además de reducir la liquidez, aumentar las tasas de interés y contraer el consumo, se usaron mecanismos de gran artificialidad, como la paridad con el dólar. En un caso mediante una ley, en otro mediante la incorporación confesa de los recursos del narcotráfico a la economía. Por ejemplo en el Perú, en los años 90, el crecimiento del narcotráfico apoyado por grandes sectores del aparato estatal se usó para mantener el dólar a un nivel retrasado e irreal que permitiera colectar divisas para pagar la deuda, cocalizando así las finanzas del FMI. El neoliberalismo dice que no ha devaluado la moneda, pero para sostenerla artificialmente ha devaluado el salario, el consumo y los servicios sociales. En realidad ha renunciado a la moneda nacional. De todos los recursos monetarios y medios de pago en el Perú actual, dos terceras partes son dólares y sólo un tercio moneda nacional (Cepal afirma que la dolarización llega al 77%). 

Además, cuando por los requerimientos del modelo se comprime la liquidez, se abren las puertas de otros fenómenos como el narcotráfico, que llenan los espacios monetarios que el gobierno abandona. En Bolivia, entre 1985 y 1989, una rígida política monetarista llevó a que el narcotráfico se multiplicara por cuatro y a que sus ingresos calculados fueran el doble que las exportaciones legales. Así la estabilidad del modelo se apoya en la creación desesperada de empleo "informal", pero también en el narcotráfico y en la delincuencia.

En suma, la situación actual es mucho más frágil que al inicio del experimento. No hay una situación de equilibrio, ni existe la estabilidad prometida. El sistema deficitario que perdura, cierra provisoriamente sus brechas cada año, con la venta de alguna empresa pública y manteniendo tasas concesivas de interés. Pero estructuralmente, la situación ha empeorado y cuando se acaben los activos que vender y los actuales gobiernos se marchen, sólo quedará una impresionante deuda por pagar a países mucho más pobres, como ocurrió en el caso de Salinas de Gortari. Y entonces, o bien la economía dolarizada se retransforma en moneda nacional pero a los precios de la crisis (devaluación con multiplicación equivalente de la deuda) o se abandona por completo la moneda nacional, pero en ese caso, el país culminará convertido en un archipiélago de miseria en el que solamente la economía exportable existirá.

La inestabilidad de las reservas.-
Se responde a eso afirmando que hoy los países tienen más reservas que antes, pero esa es una falacia. De un lado, la mayor parte de esas reservas son encajes bancarios de los depósitos golondrina o de especulación bursátil. Por consiguiente sólo una pequeña parte es de libre disposición y para conservar la otra parte, será necesario seguir beneficiándola con las más altos intereses mundiales, financiados con las exportaciones nacionales, y con mayor recesión interna (en el Perú, de 8,000 millones, sólo 1,600 son de libre disposición). Además, las reservas que existen, vinculadas ideológicamente al pago de la deuda, no pueden ser en ningún caso utilizadas en la reactivación, en el empleo o en los servicios. Suerte de suplicio de Tántalo, están allí pero no sirven para nada. 

Una cultura masoquista de la autoinculpación hace decir a los latinoamericanos de hoy que, por ser la crisis el producto de su excesivo consumo anterior, no pueden usarse las reservas de otra manera que no sea para el pago. Un dramático ejemplo: cuando los episodios en el Golfo Pérsico de agosto de 1996 impulsaron el alza petrolera, el Movimiento al Socialismo (sic) Venezolano expreso que los mayores recursos deberían usarse para pagar la deuda, "y de esa manera indirecta reducir a largo plazo los pagos en el futuro". En otros términos que "para reducir la deuda" debe pagarse más y de inmediato. Argumentaron que con anterioridad se había usado la ganancia petrolera para acrecentar el consumo, aumentando los salarios. Grave olvido porque está comprobado que en el curso de los diez años anteriores, todo el superávit petrolero y además gran parte de las reservas fueron usados para el pago de la deuda que, a pesar de ello, se duplicó (Ver artículo: La deuda externa y la crisis de Venezuela). Pero esta comprobación resulta imposible para el complejo autoinculpatorio.

El neoliberalismo es un sistema económico inestable, que oculta precariamente sus debilidades, gracias a la falta de democracia, y a la convicción socialmente difundida de que es la filosofía del fin de la historia. Pero como México y la Argentina lo han demostrado, sus plazos han fracasado, dejando una América saqueada y empobrecida. Si seis años después de aplicado el modelo, se exige otra vez que la jornada de trabajo se alargue hasta doce horas y que el salario se vuelva variable (Argentina), que la compensación por cada año de servicios se reduzca a la mitad (Perú), y si el jefe del Fondo Monetario debe señalar a sus discípulos predilectos que un déficit de 7% es insostenible (Carta de Michael Camdessus al gobierno peruano.1996), es que el modelo no tiene ninguna estabilidad.

La estabilidad de un país comprende su viabilidad social y democrática y no se limita a los índices monetarios. La experiencia demuestra que sacrificar todo a un índice artificial crea una profunda inestabilidad económica y social.

6.- EL BIENESTAR SOCIAL LLEGARA POR EFECTO DEL GOTEO DE LA GANANCIA (TRICKLEDOWN)

La consigna de los ocho últimos años en América Latina ha sido pagar la deuda y también, enriquecer a los grupos monopólicos, concentrando en ellos todo aquello de lo que el estado se desprendiera. Si en 1990, la distribución del ingreso en el Perú, concentraba en el 10% superior de la población, el 50% del ingreso y de los activos; hoy, esa proporción ha aumentado hasta más del 70%, tomando en cuenta las privatizaciones manipuladas, los intereses del capital golondrina (gran parte del cual es dinero repatriado); la hegemonía bancaria sobre la liquidez, el ahorro y la producción; y por ultimo, la reducción brutal del salario, del empleo y de los medios de defensa de los trabajadores. 

La tesis de moda señalaba, que tanto mayor fuera la concentración de las ganancias, mayor sería el efecto goteo que redistribuiría "hacia abajo" la riqueza. Pero fue al contrario.

En México, luego del sexenio de Salinas y en plena crisis, la población se había polarizado entre 24 mexicanos con más de 1,000 millones de dólares cada uno y 40 millones bajo el nivel de la pobreza (La Jornada Dic. 1994). En Argentina por ejemplo, el recurso final, es el debilitamiento de los sindicatos para eliminar la resistencia al proceso de succión de la riqueza por "la patria financiera".

El neoliberalismo ha aplicado con rigidez ortodoxa los mitos de la economía clásica. Como en 1932, el presidente Hoover mantuvo impasible al Estado norteamericano ante el desempleo, la deflación y la miseria; a la espera de que el teórico ajuste a un menor nivel de precios y salarios produjera la recuperación; así también se afirma ahora en América Latina, como si ninguna experiencia histórica demostrara lo contrario (F.D. Roosevelt y el New Deal), que la concentración económica en los grandes grupos, libre de toda restricción, y el pago de la deuda, atraerán capitales, los que aumentando la producción y el empleo, promoverán el bienestar social. 

Nada de eso ha ocurrido como lo demuestran las cifras, pero ante éstas, la respuesta es aplicar de manera más feroz y ortodoxa la receta. Ningún gobierno confiesa el error. Con las cifras de las reservas y el ingreso de capitales, se afirma otra vez, que sólo hacen falta algunos esfuerzos para alcanzar lo prometido. Pero un somero análisis de las condiciones actuales comprueba lo absurdo de la oferta. 

En efecto, con tres millones de empleados del estado latinoamericano expulsados y 12 millones desempleados por la recesión, las condiciones sociales se han deteriorado, pero también los componentes del consumo. El sistema económico está bloqueado. Ante ello, los gobiernos latinoamericanos se apoyan en la informalidad. Y en efecto, ésta ha sido un recurso inesperado en favor del neoliberalismo, pues como factor compensatorio, puso en marcha la creatividad individual a la búsqueda de un medio precario de vida. Millones de ex-empleados públicos y ex-asalariados venden mercancías en las calles, hacen trabajos domésticos provisionales o se han convertido en artesanos. 

Eso ha retardado la reacción social que con un punto de vista algo mecánico, algunos anunciaban inmediata. Pero demuestra que el estado neoliberal, ha terciarizado y pauperizado las condiciones del trabajo en lugar de modernizarlo como prometió. El promedio productivo per capita de la población económicamente activa ha descendido dramáticamente, arrastrado por los exiguas condiciones técnicas de la informalidad.

Y el pronóstico que saludaba la informalidad como un medio alternativo y creador se oscurece cuando se comprueba que al lado de esos millones de informales, lo principal de los activos sociales: carreteras, hidroeléctricas, petróleo, correos, es decir la gran fábrica, está concentrado en diez grupos en cada país, en tanto que cientos de millones de seres excluidos del trabajo, deben contentarse con uno o dos dólares de ingreso diario. Según un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), las 200 mayores empresas argentinas tuvieron una rentabilidad de 6.2% en 1995 (superior al 5.3% de 1994), y los nueve conglomerados más importantes, que fueron también los más beneficiados con las privatizaciones, tuvieron una rentabilidad de 20.7%. El mismo estudio afirma que las 25 empresas más grandes tuvieron en 1995 una ganancia neta de 3,500 millones de dólares, siendo que el presupuesto nacional de educación es de 2,000 millones y que el déficit fiscal del año 1996 está calculado en 2,500 millones. (Flacso-Página 12-Arg.-Julio 1996)

Si a esas cifras se añade el Informe del Ministerio de Economía (Indec) según el cual, entre mayo 1995 y agosto 1996, la población en condición de grave pobreza creció 50% en el Gran Buenos Aires, sumando ahora 3 millones de personas (26% de la población) y que desde 1990 el desempleo creció de 8% a 17,2%, se comprueba que el concepto del goteo de la riqueza hacia sectores más pobres no es cierto. No lo es, para los 5'700,000 subempleados y desempleados argentinos, ni para la mitad de los asalariados que en promedio gana 580 dólares por mes (Clarín -5/V/96). Tampoco para los 13 millones de peruanos que viven en la pobreza, aquejados también por el "Nuevo Sendero" que es la criminalidad multiplicada, como efecto indirecto de la teoría.

Pero para justificar su modelo de "austeridad", los gobiernos toman como erróneo ejemplo los países europeos, en los que el sistema social de seguridad sólo ha sido recortado en mínima parte, y donde los salarios son ocho veces superiores. Con irresponsabilidad turística, algunos gobernantes europeos de visita en América han respaldado los recortes neoliberales. Sin embargo, nada permite establecer un paralelo de las condiciones de vida, de ingreso, de distribución, o de seguridad social, entre las poblaciones europea y latinoamericana. Pedro España comprueba que en Venezuela, el 40% de los hogares recibe el 13.9% del ingreso nacional, "proporción igual, dice, a la de Sri Lanka, PERÚ y Costa de Marfil"(UNESCO. Diálogos. Junio de 1996. Breve historia de la pobreza en un país petrolero y rico).

Nadie puede negar ahora, que con el modelo neoliberal la distancia entre ricos y pobres se ha agigantado. Según Cepal, en América Latina los ricos ganan 32.1 veces más que los pobres, en tanto que en Europa esa distancia es de 6 y en los EE.UU. de 6.7 veces. Le experiencia demuestra que el libre mercado llevado al exceso conduce a la injusticia y a la miseria. La justicia social no es sólo un concepto político, es también y esencialmente un elemento del sistema económico, pues sin ella, éste no es viable a largo plazo.

7.-EL NEOLIBERALISMO ES LA TEORÍA ECONÓMICA DE LA DEMOCRACIA POLÍTICA

Esta es, finalmente, la más engañosa de las propuestas del modelo, pues en la medida en que el programa neoliberal se aplica la democracia retrocede y en algunos casos ha desaparecido. En efecto, subordinar el país al pago de la deuda y a la concentración económica, obliga a presionar más y más a los sectores sociales. Así, al desempleo y a la destrucción del salario, siguen los programas contra los costos laborales, la reducción de las indemnizaciones por tiempo de servicios, la destrucción de los sistemas de seguridad social.

Cuando esas medidas originan la resistencia de la población, gran parte de los gobiernos deja de lado la careta democrática y pasa abiertamente al campo de la imposición. De allí en adelante, los decretos con fuerza de ley emitidos por el Poder Ejecutivo sustituyen al debate democrático en los Parlamentos, y poco a poco, toda forma de participación y de consenso a través de los municipios, las regiones y las organizaciones sociales, es dejada de lado o destruida.

En el caso peruano, en el que con más ferocidad y alevosía se ha aplicado el neoliberalismo por haber sido el único país que señaló un limite al pago de la deuda el modelo comenzó a ponerse en práctica desde 1990. El descontento popular que comenzaba fue detenido en 1992, mediante un Golpe de Estado que tuvo dos objetivos: evitar toda resistencia y proponer un sistema alternativo basado en la fuerza, que creó expectativas en el país. En adelante, cerrado el Parlamento, intervenido el Poder Judicial y expulsados los jueces, con el ejército en las calles, mal podría hablarse de libertad o de crítica. Gracias a ello, en los cuatro años siguientes el modelo fue aplicado encarnizadamente. 

A esa peculiar situación peruana se añaden otros elementos de corte neofascista: El comando paramilitar Colina, la presencia tenebrosa del asesor Montesinos y sus vínculos con el narcotrafico que fueran denunciados por el traficante Vaticano, y la red de favores, tejida para la compra de armas y la venta de empresas. Además, una concepción de elitismo racista que se comprueba en la desmesurada escogencia de descendientes de japoneses para los cargos públicos (ocupan 548 de los 1,500 altos cargos nombrados por resol ución).

Naturalmente ayudaron al Golpe de Estado los problemas que aquejaban al país. Fundamentalmente, como se ha recordado ahora, el terrorismo que en diez años cobró 30,000 vidas y supuso una pérdida de 30,000 millones de dólares. Además, los gobiernos civiles anteriores, llegados al poder durante la crisis financiera de América Latina, nada pudieron frente a la hiperinflación y el terrorismo. Y esos problemas sirvieron; además de otros temas agitados con afán circense por el gobierno, para justificar el golpe. Pero en realidad éste fue hecho para aplastar todo intento de respuesta a las privatizaciones o al desempleo.

Es importante destacar, que en sus conceptos teóricos el neoliberalismo anticipa ya ser la filosofía de las dictaduras económicas. Porque, contrario a todo lo que se oponga a las leyes del mercado, es contrario a los partidos políticos que pretenden gestionarlas, a los Parlamentos, a los acuerdos. De allí la insurgencia del neofascismo que plantea la abolición de los partidos y de la política, y que dice superar los mecanismos democráticos del poder mediante la vía de los plebiscitos y los referéndum que suceden siempre a situaciones de hecho consumado. 

Partidaria de la inercia, la teoría neoliberal acepta como naturales y necesarios la injusticia y el sufrimiento sociales. Filosofía de la fuerza y de la supervivencia de los más fuertes, ignora a los sindicatos, los municipios y las organizaciones populares que expresan a los débiles. Todo debe adecuarse a los grandes poderes mundiales, a los grupos oligárquicos internos, al dominio del dinero ficticio y al poder financiero. Los partidos han sido sustituidos por las comisiones del FMI y de los bancos acreedores, por las organizaciones empresariales, por los medios de comunicación; y el debate, por las encuestas de opinión que muchas veces reflejan estados emocionales. Algunos neoliberales llegan a plantear abiertamente que si la producción de un país no puede satisfacer las necesidades de su población, toca a la selección natural eliminar a los sobrantes. 

Es por eso, y no por las razones de libertad personal invocadas en los países desarrollados, que debe procederse, dicen, a imponer programas reductivos de población, pues estos son la mejor manera de suprimir el desempleo, el malestar y la posibilidad del reclamo social a largo plazo. Así, la categoría social de "los explotados" deja paso a la de los "excluidos". El explotado lo es en una relación laboral, el excluido es dejado de lado por el sistema económico y por el propio Estado.

El neoliberalismo expresa la fuerza bruta del poder y del dinero. Nada tiene que ver con la democracia, mucho menos por cierto, con la democracia social. Es, por ello, una actitud psicológica más que una concepción económica. El ejemplo más dramático es el ocurrido en el Perú, donde desde 1987, un grupo de derecha formó contra el gobierno aprista, un partido llamado Libertad, reclamando ser representante de la verdadera democracia. Pero cuando el desconocido que ganó las elecciones por haberse opuesto a los proyectos neoliberales de la derecha, abandonó sus propuestas y asumió en una sola noche la bandera del neoliberalismo, los miembros de Libertad, comenzaron a engrosar el bando del nuevo gobierno. Dos años después, producido el Golpe de Estado, casi la totalidad se unió a los golpistas, y ante las protestas que contra la ruptura de la democracia había hecho su antiguo líder y candidato, lo declararon traidor e indigno de la nacionalidad peruana. 

Detrás del neoliberalismo está la posiblilidad del neofascismo. Pero ese no es un camino inevitable. Poco a poco los pueblos recobrarán su capacidad de respuesta. Ello ocurre ya en los países más desarrollados, donde la victoria de Clinton y el posible triunfo de la Socialdemocracia en Inglaterra y Alemania, muestran que la población rechaza el extremismo liberal y exige una sociedad democrática, solidaria y justa. En América Latina el secuestro político neoliberal va camino a su fin. Se abre una nueva etapa social en la que la democracia excluirá el extremismo económico.